Tiempo de despedida

Llevaba años encerrado en una cárcel sin color, donde tu estancia y tu ausencia ejercían de blanco y negro; una cárcel que llené de mi inocencia como lágrimas de plata y que tú conquistaste, una jaula flotante que acaba de poner los pies en el suelo.

Siempre quise arrancarte como se arranca el hierro de una herida, pero las cadenas no me dejaban luchar; pero, ahora que mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me atrevo a sacar una cerilla para protegerme del frío; ahora, por fin, he aprendido a volar.

Ahora sí, he dejado atrás todo; ahora sí, me he comido a mis miedos, fuegos que parecían consumirme y que al final cabían en una cáscara de nuez.

Es tiempo de despedida. Este texto es un adiós, y no el suicidio estúpido de dos amantes con problemas de comunicación, sino la muerte tranquila de un rey legendario que da paso a una nueva era. Porque paso del drama. Porque en este nuevo horizonte, sólo me queda abrir las alas.

 

CC-By-Sa 4.0 Pablo Marcos

Foto: Photo by Simon Matzinger on Unsplash

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