Un cuento bello

Érase una vez una niña con una muñeca de papel.

Se la había fabricado su madre, intentando que quedara bonita. Y lo era.

Todos los días salía a la calle con ella. Allí es donde conoció a Alexandra, a la que le mostró la muñeca con la que nunca jugaron.

Porque Alexandra tenía un cochecito nuevo, un patinete, pulseras o una nueva granja de juguetes, y así pasaban los días.

Hasta que llegó Bobby de las afueras. Con él podía jugar al pillapilla, al escondite o compartir muñecos de papel. Pero sobre todo, reían.

Mientras tanto, otros niños pasaban el tiempo fascinados por la nueva colección de Alexandra.

 

No la volvió a ver hasta un año después. Era de noche y Alexandra estaba llorando silenciosamente en la puerta de su casa. Cuando entró, le dejó en la puerta su muñeca de papel.

Al día siguiente Alexandra fue a buscarla y con lágrimas en los ojos, se dieron un abrazo. Fue entonces cuando ambas comprendieron que no hay que juzgar un libro por su portada y que un abrazo puede ayudar a curar.

 

@paula_rg7

Foto: Photo by Annie Spratt on Unsplash

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