Éxtasis inmisericorde

Recuerdo los viajes a Galicia en coche. Mi hermano fingiendo dormir mientras mi madre miraba por la ventana, entretenida por el paisaje de la árida meseta castellana. Papá apretando la boca, conteniendo los resoplidos; cuando ponía el intermitente movía las aletas de la nariz hasta que conseguía situarse en el carril correcto.

Yo, me miraba en el espejo retrovisor, con cautela.

Siempre empezaba tímidamente a alzar la cabeza. Con movimientos minúsculos me colocaba para verme solo el cuello y contemplaba las venas violáceas bajo la fina piel de la yugular, sacaba la clavícula, giraba la cabeza y la retorcía, trataba de crear ángulos imposibles y parecerme a una muñequita de porcelana. Si me sentía atrevida y estaba segura de que nadie miraba, con la uña de la mano izquierda y mucho cuidado, me acariciaba el lateral del cuello y lo estiraba, hacía círculos a lo largo, subía y bajaba y me estremecía ante aquel contacto que me parecía un espectáculo casi sexual. Luego, bajaba la cabeza hasta que el espejo solo reflejaba los labios, como mucho la punta de la nariz. Me relamía, me los mordía hasta que se hinchaban y se ponían rojos. Practicaba mohínes y medias sonrisas. Vanidosa, trataba de abrir la boca con gesto suplicante, con la esperanza de generar ese algo en los hombres que describían tantos libros y yo aún no llegaba a comprender. Pícara y de repente divertida, jugaba con mi postura, giraba para que me diera la luz en los pómulos, me recreaba en mi narcisismo y me volvía caprichosa y a la vez tímida; si me sentía indulgente bajaba aún más la cabeza y dejaba que se me viera la sombra de las pestañas.

Cerraba los ojos lentamente y los entornaba, me acariciaba la mejilla, y me estremecía de placer. Dejaba de ser una maraña de líneas, una figura borrosa, la respiración se me aceleraba mientras llegaba al clímax. El espejo del retrovisor parecía deformarse cada vez más y más.

El éxtasis, sin embargo, nunca tardaba en convertirme en una figura deforme, la caricatura de una mujer, un personaje de esperpento, una burda imitadora del jorobado de Notre Dame.

No entendía cómo el placer tan rápido se convertía en una ansiedad que me asolaba durante horas.

 

  @ninfulx

Foto: Photo by Noah Buscher on Unsplash

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: