La sombra de los lirios a la espalda de Arnor

Silencio. Explotan poco a poco las granadas a mi alrededor, como cristales de sal en este erial sin sentimiento. Son las doce en el reloj, y, en vez de campanadas, suenan los cañones de la octava compañía. Una granada, que antes guardaba las lluvias de abril para los meses de estío, sirve sólo ahora de juguete antiestrés. Sólo rezo porque no me encuentren. Porque no caiga la siguiente bomba. Sólo pido piedad. Solo grito: no a la guerra

 

CC-By-Sa 4.0 Pablo Marcos

Imagen: Ídem

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