No espera

En mi interior, traicionera esencia crepitaba en mil trabas.
Desde que se marchó repicaba ese punzón.
Hallé errantes tretas de conocerme,
fielmente hacinadas en ascuas y carbón.

Y aún así ayuné con ansias día a día,
y esperé la libertad deliberada,
guardada en fuerte caja,
conjurada en abismos de distancia y lejanía.

Era hora de afrontar la gesta y recordar las palabras abyectas de la hera y la -patía.
El veneno dosificado convirtiose en robusto
árbol.
Reminiscencia, en versos amados, que mi baldía vida cursaron:

Todo fluye y nada queda en la verde vereda.

¡Que el tiempo no espera! Dijo el reloj. No espera…

Y cuando muera, no querré ver la sombra de mis quimeras.

Dijo mi voz.

 

@losnombresbuenosestanpillados

Foto: ídem

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