La Gran Guerra

Todo empezó como una lucha intrauterina en el paritorio. Dos cuerpos apenas formados luchando por colocarse boca abajo y ser los primeros en salir de aquel lugar que esas últimas semanas resultaba claustrofóbico.

La primera batalla de la Gran Guerra.

Bamboleándonos el uno contra el otro, agitando nuestras extremidades torpemente y enlentecidos por el líquido amniótico de la placenta. Sin embargo, mi cuerpo de dos kilos y medio ocupaba más que tus dos kilos doscientos, así que taponé la salida y con los pies contra tu cuerpo apartándote lo más lejos que podía, esperé a salir a la luz. Qué cansado es ser guerrera y tratar de reinar a la vez.

Dicen que duele el estar ciego, que pobre del que vive en la oscuridad, pero se equivocan. La luz abrasa y quema las retinas; quiero que me metan en mi cueva, la oscuridad ahoga mis miedos porque allí no había monstruos que ver, y, sin embargo, a la luz percibo mi desnudez y me avergüenza, tengo frío y me llevan lejos, muy lejos de casa; me entra el pánico.

Instintivamente cojo aire por la boca y grito, pero enmudezco enseguida.

Veo a la mujer más bonita del mundo, pálida y con el pelo pegado a la frente, y sé que esa es mi madre. Me mira y sonríe, consternada por el esfuerzo porque tú estás aún dentro.

“Aún no me la dé, quiero tenerles a los dos en brazos a la vez, a los dos por igual”.

Siento una punzada de rencor. Es la primera de muchas.

Aún hoy, cuando le pregunto en la sección de congelados del súper que si es cierto eso de que “los niños son de mamá”, buscando algún gesto de claro favoritismo, aprobación o falta de ella, tratando de adivinar qué busca, qué tengo que ser para que me quiera más porque, francamente, estoy hambrienta de amor y no puedo parar de comer, soy una bulímica y echo a todo el que me quiere en mi vida para luego ir a la caza por la noche de gente que me suba la autoestima; soy una devora-sentimientos. Aun cuando con esa pregunta se me hace un nudo en el estómago y se me cierra la garganta y dejo de respirar, mi madre me dice que vaya a coger el helado que le gusta a mi hermano.

Sé que me ha oído.

Y sin embargo, solo me repite que por favor coja el helado que le gusta a Gonzalo.

 

  @ninfulx

Foto: Photo by Annie Spratt on Unsplash

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: