Ciudad

Gracias por estar ahí.

Llegaste cuando menos lo esperaba,

cuando más lo necesitaba,

y te quedaste para siempre,

adornando mi jardín.

Gracias por recibirme con los brazos hambrientos, por acoger mis nubes bajo tu cielo, por soportar mis pasos sobre la piedra blanca de tus cimientos.

Aún recuerdo tu olor a cafetería, tu piel de vino caliente, tus manos de cerveza fría y mirándome, con euforia, la ópera de tus ojos, que aún suena linda en mi memoria.

Esa melodía, la de tus pecas, que eran las notas escritas por un tal Mozart sobre el pentagrama de tu nariz; y en tu boca, todavía, se mantienen con vida, los besos traviesos, que invoca Gustav Klimt.

Sisí, gracias a ti, por tus palacios prohibidos, por ir despacio conmigo y poner tu razón en huelga. Ahora soy tuyo y abriré las puertas de par en par cuando toque tu Danubio.

 

Gracias por las pilas,

por el cigarro y por la cena.

Por viajar en tranvía entre mis venas.

 

Por el oro,

por la cal,

por la arena.

Gracias Viena

Poema: @javiermusicgil
Foto: Miriam Gayo

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