Níscalos de neón

Allende el destino herido, en los puntos de sutura de la selva eléctrica,

lanzas miradas, jinetes escarlatas, para las que no existen trincheras.

En tierra de nadie, transfundo dinamita a mis venas

hasta invocar corajes bordados de azufre.

Vestida en sueños con armadura de miel, esperas,

confiada, bajo embrujo estoico, cuan niños

cazando renacuajos.

 

Tus caderas cuchichean con el infinito, desde su atalaya de carne

deshaciéndose en pétalos dionisiacos tras un aire testarudo.

 

Piernas tectónicas, ¿Quién es aquella? ¿El remordimiento hechizado

de una reina sin colmena o la capitana Kurtz sacrificada a las tinieblas?

Al partir de este espigón de adoquines, zozobran sonatas apelmazadas

a este piano agrietado.

¿Candor de península o temor de archipiélago?

 

En la rayuela minada, la tiza de Mefistófeles

escarifica el torso del caminante.

 

Falto de oráculo lacónico, en mi mutismo arrugado

tan solo aconseja el claxon de la bóveda:

Ronroneo galáctico en la penumbra

del equinoccio.

Poema: Sinon Fallax

Foto: CGGS (@cristina.sulfur)

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