Hoy no va a ser un buen día

Hoy no va a ser un buen día.

Lo sé porque ayer se me acabó el tabaco y el gato de la vecina del quinto ha empezado a maullar a las 10 de la mañana; mal augurio. Normalmente se despierta más tarde.

Además, tengo una resaca del copón, porque ayer Raquel me convenció para salir de copas “a despejarme”, y mira que me encantan la naturaleza y los animalillos, pero cuando ha empezado a piar un pájaro al lado de mi ventana, no he podido evitar cagarme en todo y considerar muy seriamente si tirarle un zapato. Pero con mi suerte (y mi puntería) lo más probable es que no le dé al pájaro y encima me quede sin zapato.

De todas maneras, sé que no va a ser un buen día porque es domingo.

Día de tostadas. Desde que te fuiste, rebautizado como día de tostadas quemadas y ver películas de Disney mientras lamento mi existencia y me creo el ombligo del mundo.

Los domingos no son buenos días, porque son el séptimo día de la semana y aunque nunca hasta ahora había tenido problemas con el siete (había otros números más feos como el 87 o el 29, que me produce escalofríos, y eso que no nos hemos metido en fracciones), me he dado cuenta de que siete es cuatro más tres. Y que siete sea cuatro más tres, bueno, pues es un problema.

Me explico.

Siete es cuatro más tres, y por tanto siete hace que no pueda dividir la semana en dos, no me puedo quedar yo con los lunes, miércoles y viernes y tú con los martes, jueves y sábados, porque ¿quién se queda con el domingo?

Ya no podemos compartirlos, claro.

Así que no podemos repartir en iguales y por eso, no podemos dar y recibir lo mismo. Al final, inevitablemente, uno se lleva más y le quita al otro algo. Uno se marcha y otro se queda esperando. Es casi como si el siete obligara a que las relaciones humanas tuvieran un carácter parasitario.

En fin, corolario. Es domingo, tengo resaca y no me gusta el siete, ergo levantarme no me va a aportar nada más que el sabor a tostadas quemadas que intentaré tapar con cucharadas de mermelada y una tostadora rota (premonición) porque creo que voy a llorar y, sinceramente, es más fácil tapar la tristeza con ira que admitir que me siento violenta e indefinida y que la soledad que has dejado me aterra. De esto se deduce, lógicamente, que no debería de levantarme.

Así que, epílogo: me acomodo y trato de hacerme pequeñita entre las sábanas, echa un ovillo y en posición fetal, creando con la manta una barrera entre yo y el mundo, una pseudo-placenta. Tratando de recrearme en una postura de adolescente narcisista donde tú seas el malo y yo la buena. Buscando la reafirmación de una dicotomía infantil. Pero el jodido pájaro no deja de piar y me recuerda que los argumentos en tu contra se me caen a pedazos.

Me resigno.

Suspiro y trato de bloquear los sonidos con la almohada.

@ninfulx

Foto: Photo by Mink Mingle on Unsplash

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: