El más filántropo

Todos vivimos rápido,

a deshora y en desfase,

y siempre necesitamos

a alguien que nuestro ritmo acompase.

Puede que sea discreto,

callado o escandaloso,

pero lo que se tiene por más valioso,

es que ese amigo curioso

nos recuerde por qué vivimos.

Más el cuándo quizá

que el porqué y el dónde,

porque no le recuerdas a menudo,

y cuando el olvido le escondes

y le das la mano, te toma la muñeca.

 

Y cuando por fin te acuerdas de él,

siempre un filántropo empedernido,

y avergonzado, pides ayuda y consejo,

te responde inmóvil y perplejo

“¡Deja de mirarte en el espejo,

que llegas tarde a una cita!”

Tic, tac.

Anónimo

Foto:  Foto tomada de unsplash.com de Erik Witsoe.

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